Sé muy poco del vino que hoy os traigo.
La etiqueta nos dice que es dulce y que se elabora en Bodegas Loreto, en Villanueva del Ariscal, muy cerca de Espartinas, provincia de Sevilla. Y punto.
Después, utilizando esa bola de cristal que es Internet, puede uno averiguar que las bodegas se ubican en un antiguo monasterio declarado BIC (Bien de Interés Cultural), que es una de las pocas que todavía sobrevive en El Aljarafe (la comarca sevillana en que se encuentra) y que la variedad que emplean es la garrido fino, oriunda de la comarca y muy poco habitual fuera de ella (es el primer vino de esta variedad que vamos a catar).
Y, de nuevo, punto. No sabemos cómo se elabora, el grado que tiene, ni la crianza, ni si se sigue vendiendo, ni cuánto costaba... nada. En un momento dado, hasta he dudado de si es de verdad un vino o estamos ante una mistela, ahí es nada.
Por los otros vinos de la casa, la uva, la zona... voy a suponer que es un generoso monovarietal, elaborado por el sistema tradicional de criaderas y solera y encabezado al 15%. Pero ya os anticipo que es un suponer y que me puedo equivocar ampliamente. En fin, catemos:
- Capa parda, muy limpia, con ribete topacio y lágrima media.
- Intensidad aromática elevada: todo tipo de fruta deshidratada (dátiles, prunas, higos, pasas); picadura de tabaco, algarroba, melaza y una nota ligera de yodo.
- Aunque se autodenomine "dulce", en realidad es abocado solamente. Cuerpo medio-alto, buen pasado, equilibrado por la acidez, el umami y la salinidad. Final duradero, con nuevas notas dulzonas, equilibradas ahora por los taninos, muy comedidos pero presentes. Está bastante rico.
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