Que me aspen si no llevamos 65 vinos de Ribera del Duero y este, el sexagésimo sexto, va a ser el primer blanco de dicha DO.
Y esto, ¿a qué se debe? Pues a que hasta 2018 no estaba permitida uva blanca. Desde entonces se autoriza la variedad albillo mayor, que no deja de ser un clon de la albillo adaptado a la zona (igual que la tinta del país es un clon de la tempranillo en la DO).
Por cierto, la albillo ha caído ya por aquí en un par de ocasiones, ambas muy peculiares: una era un blanco madrileño con crianza en barrica, y la otra un vino naranja abulense bajo velo de flor (ambos ecológicos).
Pues el de hoy, burgalés, tampoco se queda atrás en cuanto a peculiaridades; también tiene crianza, y la realiza de formas varias, porque en la bodega ponen a envejecer el vino (tras fermentar en roble) en cuatro recipientes diferentes: tinas de roble de 500 l, damajuanas de vidrio, vasijas de gres o huevos [sic] de hormigón. Luego catan y deciden cuál ha envejecido mejor: para la añada de 2023 fue el hormigón. Ah, y el envejecimiento es de nueve meses.
- Amarillo pálido, limpio.
- Intensidad aromática media: limón dulce, pera madura, limaduras de hierro.
- Suave, con paso acídico y final largo, agradablemente amargoso (pero algo pegajoso, por lo que recomiendo maridarlo y no tomarlo solo, como hiciera yo).