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viernes, 14 de junio de 2024

Diez años, diez cócteles

¡Pero si hoy no es ni miércoles ni domingo! ¿Cómo es que hay una entrada?

Pues porque hoy se cumplen diez años del primer cóctel publicado en Bebercio, y quiero celebrarlo con vosotros recapitulando un poco.

De las categorías principales de Bebercio es más que evidente que vino y cerveza, cerveza y vino, llevan la voz cantante, con más de mil entradas cada una (1045 al cumplir la década, para ser exactos).

Las restantes, que son acompañantes (o accesorias, como prefiráis) tienen una distribución desigual: casi un centenar de restaurantes y otro tanto de güisquis, 70 AOVEs (y no cuento las teóricas sobre el aceite de oliva), casi 30 cafés, dos docenas de vermús...

Y tenemos, también, otras categorías acompañantes, interesantísimas pero muy minoritarias: 15 brandis, ocho hidromieles, y tan solo cuatro mistelas. Y diez cócteles, que es de lo que vamos a hablar hoy.

Si bien prometo intentar incrementar los números de todas las categorías mencionadas (varias de ellas ya lo han hecho, pero las entradas no han sido aún publicadas), el caso de la coctelería merece un capítulo aparte, y paso a explicaros por qué:

Los cócteles que aparecen en Bebercio no son simplemente cócteles, sino que han de tomar como base una de las categorías principales, o incluso accesorias, del blog; pero nada más, sin incluir, de entrada, los destilados. Es decir, deben llevar como ingrediente o vino, o birra, o vermú, o hidromiel, o mistela, o incluso café (restaurante no pueden llevar, obviamente, y se me antoja difícil que lleven AOVE).

¿Por qué quedan fuera los destilados, en este caso whisky y brandy? Respuesta rápida: porque el blog es mío y las normas las dicto yo. Respuesta un pelín menos rápida, pero también rápida: porque con destilados hay muchísimos, y no quiero que la parte de coctelería se convierta en la norma, que bastante lleva uno con la cata de cerveza y vino.

Hechos la introducción, los antecedentes y el material y métodos, pasemos a los resultados, luego a la discusión y, finalmente, a las conclusiones. Así que, ¿cuáles han sido, en orden cronológico, los diez cócteles publicados en estos diez años de Bebercio? Veamos:

  1. Black Velvet (14 de junio de 2014), cóctel inglés a base de cerveza negra y vino espumoso.
  2. Michelada (9 de agosto de 2014), cóctel mexicano a base de cerveza.
  3. Black and Tan (1 de junio de 2015), cóctel inglés a base de cerveza negra y cerveza rubia.
  4. Prairie Oyster (6 de septiembre de 2015): cóctel alemán a base de huevo crudo.
  5. Black Russian (8 de marzo de 2018): cóctel belga a base de licor de café.
  6. Dry Martini (10 de abril de 2018): coctel estadounidense a base de vermú blanco y ginebra.
  7. Dirty Martini (11 de abril de 2018): cóctel estadounidense a base de vermú blanco y ginebra.
  8. Sangría (17 de junio de 2019): cóctel español a base de vino tinto.
  9. Kalimotxo (19 de octubre de 2022): cóctel español a base de vino tinto.
  10. Americano (9 de noviembre de 2022): cóctel italiano a base de vermú rojo y Campari.

Entrando en la discusión, lo primero que llama la atención es que hay destilados entre los ingredientes. ¿No habíamos dicho que nada de ellos? ¡No! Habíamos dicho que la base no podía ser un destilado, no que no pudiera figurar. Incluso si el destilado termina siendo muy superior a la base fermentada, como en el caso de los dos martinis, donde la ginebra es superior al vermú. Por eso puede figurar también el Black Russian, en el que predomina el vodka sobre el licor de café que, a su vez, se elabora con ron, sí; pero lleva café de verdad, así que sirve para nuestros laxos propósitos.

No obstante, hay una excepción flagrante: el Prairie Oyster. Aunque se pueda tomar en su vertiente abstemia (servidor lo hace casi a diario), el cóctel suele elaborarse con un destilado, ya brandy, ya ginebra, ya vodka. Sí, me he saltado mis propias reglas, no voy a poner excusas. Prometo (intentar) no volver a hacerlo.

Tres cócteles a base de cerveza, tres a base de vino, tres a base de vermú, uno a base de café. Suman diez, sí... pero ¿y el Prairie Oyster, de nuevo? ¿Es que hay once cócteles y no diez? ¿Ya no sabemos sumar? No, tranquilos, es una ilusión óptica causada por el Black Velvet, que se elabora con cerveza negra y vino espumoso, así que puntúa doble aunque solo sea un cóctel.

Únicamente se ha publicado coctelería en cinco de los diez años que tiene Bebercio: una, dos y hasta tres entradas (en 2018); el resto de años, nada. Intentaré que la cosa sea más regular, que no más regulera.

En conclusión: parece claro que nos interesan los cócteles a base de cerveza, vino o vermú. Tiene sentido, viendo el contenido del blog. Y hay rarezas y excepciones, algo que también tiene sentido viéndolo. Aunque sea una parte menor, es muy bonita y se le tiene mucho cariño, por lo que la continuaremos cuidando.



miércoles, 9 de noviembre de 2022

Americano

Claro, uno escucha el nombre de este cóctel y piensa en Renato Carosone y su dialecto napolitano; cómo no:

Sí, tiene mogollón de versiones. Pero quedémonos con la original, este swing imperecedero.

Se lo inventó (el cóctel, no el swing) Gaspare Campari, que también inventó el Campari (qué casualidad), uno de los dos ingredientes principales de este cóctel (el otro es vermú rojo). ¿Por qué se llama "Americano"? Parece que no era el nombre original cuando se inventó en el s. XIX, pero los turistas estadounidenses que visitaban Italia durante la ley seca (entre 1920 y 1933) aparentemente se ponían tibios de este cóctel, y así cambió la forma de referirse a él.

Así pues, un cóctel a base de Campari y vermú, si acaso algo de Angostura... y se acabaron los alcoholes (el resto es soda). ¿No hay destilados? Nones. ¿Y eso está bueno? Buenísimo. Tanto que es un cóctel oficial de la IBA, y el primer cóctel que pide Bond, James Bond, en Casino Royale, tiempo antes de su celebérrimo Vesper. Algo tendrá.

Vamos a escuchar a nuestro bienamado Doxat, John Doxat (un clásico en Bebercio):

"Más allá del Americano (un Negroni sin ginebra) no hay, en mi vocabulario, apenas cócteles que merezcan la pena de entre los que solo contienen vermú como ingrediente principal".

Doxat, J. (1966): Booth's Handbook of Cocktails and Mixed Drinks. Pan Books, Londres (traducción propia).

Del Negroni hablaremos otro día; dejadme decir que aquí Doxat no hiló demasiado fino: no es que el Americano sea un Negroni sin ginebra, sino que el Negroni es un Americano que ha sustituido la soda por gin. Pero ya tendremos tiempo de tratar el tema, ya.

Veamos la pinta de nuestro objeto de deseo:


Servido canónicamente (con mucho hielo y una rodaja de limón, no de naranja) en El Bacaro de Fabio, Madrid.

Se trata de un cóctel de aperitivo: para abrir el apetito, preferentemente antes de la cena. Es obvio que puede ser antes del almuerzo, y que quien dice tomarse uno, dice tomarse dos.

La receta de Doxat se compone de dos tercios de vermú rojo, un tercio de Campari, hielo, un twist de limón, unas gotas de Angostura y soda hasta llenar el vaso.

Es una maravilla: fácil de beber, abre el apetito, no emborracha y está muy rico. Encima mola: "¿Qué bebes?", "Un Americano", "¿Mande?", "El primer cóctel que pide Bond en las obras de Fleming", "Jo, qué guay (menudo imbécil)." Lo tiene todo.

miércoles, 19 de octubre de 2022

Kalimotxo

Si ya nos atrevimos con el cóctel icónico del vino tinto (la sangría) vamos allá con aquel que le podría disputar en horas bajas el cinturón de campeón: el kalimotxo.

Y digo kalimotxo, y no calimocho, aunque esta última es la única forma recogida, desde 2001, por la RAE. Ah, y paso de comillas, cursivas o negritas para cualesquiera de ellas. Ya sois mayores.

¿Y en qué consiste este cóctel? Volvemos a la RAE:

Bebida que consiste en una mezcla de vino tinto y refresco de cola.

Muy complejo, lo que se dice muy complejo, parece que el cóctel no es. Pero esa es la clave de un cóctel, a fin de cuentas. Encontrar la sinergia entre dos ingredientes o, a lo sumo, tres; y a correr.

Así pues, tinto y cola. Los puristas (porque en todo tiene que haber puristas) te dirán que Coca-Cola; tan es así que la marca le echó un par y registró el palabroto: no sé hasta qué punto les servirá, pero ellos ya han hecho de su capa un sayo, por si las moscas. Jo, parezco Sancho.

¿Tinto y cola? ¿No falta algo? ¡Sí! A mi muy cualificado entender, no es kalimotxo (ni calimocho) si le falta hielo. Mucho hielo. Y mejor si se sirve en un vaso de 800 ml, de esos que la gente se cree que son de litro, y que se llaman de formas diversas: mini, katxi, cachi, cuba, maceta o litro (y fijo que me estoy dejando sinónimos a punta pala).

"Oiga, sumiller que llega a catar vinos de miles de eurípides, ¿esto está rico?" os escucho preguntar. Ay, cómo sois. Respuesta corta y puramente personal: NO. Por eso es habitual que se disfrace con chorretones de licor de mora, licor de melocotón o, incluso, ginebra.

 

Aquí lo tenéis, canónico, en uno de sus entornos más naturales: una peña de pueblo durante las fiestas (Peña PK2, fiestas de Navaleno, Soria. La gente aún no ha llegado, momento de preparar la priva).
Y digo canónico porque lo es: Coca-Cola de dos litros, tinto barato de tetra-brik, vaso de mini y mucho hielo. Sin más adiciones.
 

¿Y de dónde sale este brebaje? La colección de consonantes en su nombre ya revela que viene de Euskadi: específicamente de Getxo, en la boca de la Ría de Bilbao. La historia comienza allá por 1972, en las fiestas de San Nicolás, en el puerto viejo de Algorta, de la mano de la cuadrilla Antzarrak...

Ya os he dejado el enlace, porque la historia es más larga de lo que parece, pero, resumiendo, os diré que a los de Antzarrak les cayó en fiestas una partida picada de tinto riojano y la única forma que se les ocurrió para venderlo fue mezclaro con cola. Idea brillante. El mejunje (quiero decir... el cóctel) había nacido.

Es todo un clásico, como ya he dicho, de fiestas populares, pero también de festivales de música o de botellones; un servidor se ha sacado algún dinero vendiendo minis los viernes por la tarde en sus tiempos universitarios: se iba antes al hipermercado y compraba tetra-briks del tinto más peleón, botellones de sucedáneos de cola, vasos de plástico y mucho hielo. Y a ahorrar para el paso del ecuador.

En fin, sea de mala o de ínfima calidad, debemos reconocer que es un cóctel tradicional, bien asentado y que se elabora con vino; tiene una historia interesante detrás, ciertas variaciones y ha terminado siendo conocido internacionalmente. Y por ello, aquí queda consignado.


lunes, 17 de junio de 2019

Sangría

Empiezo con una de mis clásicas comparaciones, que me han hecho famoso en el mundo entero: la sangría es al bebercio español lo que la paella a su comercio. He dicho.

Ahora me voy a las citas que, clásicas también, me han granjeado igual fama mundial: nos dice La Enciclopedia (Salvat Editores SA, 2003) que sangría es, en su primera acepción, la "evacuación artificial de cierta cantidad de sangre con un fin terapéutico" y, en su quinta, de forma figurada, una "bebida hecha con agua, vino tinto, azúcar y limón u otros aditamentos". ¿Por qué figurada? Pues porque el vino tinto y el cítrico, juntos, le dan un tinte parecido al de la sangre, pequeñuelos míos.

Vale, eso por la parte enciclopédica. Según la UE, que vela por la sangría como una Indicación Geográfica Protegida, esta solo puede provenir de España y Portugal (sí, sí, de toda Iberia, no me seais ultranacionalistas) y consiste en...
"una bebida a partir de vino aromatizado con fruta cítrica (natural o su extracto), con o sin zumo de cítrico [no se especifica limón, ojo], con posible adición de especias, edulcorada y [atención] carbonatada, con un grado inferior al 12%"
Vale, entonces, para que nos entendamos: en primer lugar, lo que va entre corchetes es cosa mía. En segundo, yendo al grano: resulta que la sangría, según la Unión Europea, tiene gas y cítricos, pero da igual si es vino tinto o blanco o, como el de Asunción, no tiene color. Jarl.

Ahora, al grano, al turrón: ¿qué digo yo, que es lo que venís a leer? Pues que vino tinto sí, y vino blanco... nones. Eso es sangría blanca, que es un invento, que no tiene nada que ver con el color de la sangre, que se ha popularizado poco ha... llamadme purista, o guapo, pero yo diría que no.

Después, ¿qué fruta? Pues hay opiniones para todos los gustos, aunque parece que la cítrica lo peta y triunfa. Pero se le pueden añadir melocotones, ciruelas, uvas, melón... lo que nos dé la gana. ¿Es sangría si lleva pasas? Yo qué sé. Diría que no es lo habitual, pero vaya usted a saber.

Continuamos... ¿carbonatada? Aquí no estoy demasiado de acuerdo. Si queréis burbujas, usad soda o sifón; nada de refrescos de limón o de naranja, por favor.

Para terminar, ¿adición de especias? Pues sí: sobre todo canela, ¡venga canela! y nuez moscada. El resto... un servidor se estaría quietito, pero es cosa vuestra. ¿Con clavo o vainilla? Ni idea, oiga. Y el azúcar resulta obligatorio. Así que esto va a emborrachar cosa fina.

Por ningún lado se dice, y aquí vengo yo a solucionarlo, que la sangría lleva hielo porque se bebe fría. No es un ponche al uso, ni un glühwein, ni un grog; es sangría. Ah, y que se suele servir desde una jarra de litro o más y con una cuchara de madera para evitar que los trozos de fruta (que deberían estar presentes) o los hielos caigan a la copa o vaso.

Y es el cóctel español por excelencia (y también portugués, no nos olvidemos) que, no obstante, beben mucho más los guiris (y vaya borracheras se enganchan con él) que los autóctonos, salvo de adolescentes, en fiestas de pueblo o de fin de curso.

¿Y esto? Pues toda una institución en lo que a sangría se refiere: las Cuevas de Sésamo, en Madrid.
Y sí, se trata de un piano-bar, como atestigua la foto. Y su especialidad es la sangría.

miércoles, 11 de abril de 2018

Dirty Martini

Tras el cliffhanger de ayer retomamos la cuestión...

¿En qué caso le sienta bien la oliva al Dry Martini? Cuando no es un dry, sino un Dirty Martini.

¿Y eso qué es? Pues una de las incontables variaciones sobre el tema del cóctel que veíamos ayer. La cuestión es que, dentro de esas incontables variaciones, la de hoy me parece la más interesante y apetitosa y, tal vez, la única digna de ser considerada como un cóctel diferente (y como tal aparece en Bebercio).

La cosa es tan simple (o tan complicada) como preparar un Dry Martini y, a continuación, añadirle un buen chorretón de salmuera de olivas (la cantidad varía según gustos, pero debe ser claramente perceptible visual, olfativa y gustativamente).

Resulta obvio que dichas olivas deben venir de una lata de olivas en salmuera, ¿verdad? Lo digo porque uno nunca puede subestimar la capacidad de liarse de la gente, y por ahí va un propio y le añade aceite de oliva al cóctel y luego me cuenta que mi recomendación es repugnante. Reitero, pues, que se trata de salmuera de olivas en salmuera, que conste en acta.

El cóctel resultante se parece mucho al Dry Martini canónico, pero es turbio y no transparente, tiene un aroma con notas evidentes de oliva de mesa y es agradablemente salino en boca. Y, obviamente, agradece ser adornado con una, dos y hasta tres olivas ensartadas en un palillo, que le dan un toque visualmente formidable al conjunto, las cosas como son. Olivas y punto, por favor; vuelvo a especificar por si el propio antes mencionado decide usar como ornamento olivas con anchoa, con pimiento o con cualesquiera otros rellenos. No: olivas y nada más.

¿Y esto? Pues el rizo rizado: deconstrucción de un Dirty Martini en el desaparecido Sergi Arola Gastro. Espuma de vermú, gelatina de ginebra y esferificación de oliva.

martes, 10 de abril de 2018

Dry Martini

LA (así, con mayúscula) institución y cota máxima dentro del mundo del cóctel. Toma ya.

Según John Doxat en su Booth's Handbook of Cocktails & Mixed Drinks (que ya sabéis que es mi libro de cabecera en lo que a coctelería se refiere, publicado allá por 1966) "ningún cóctel o trago largo tiene más mística, folklore, leyenda o anécdota a su alrededor que el Dry Martini" (la traducción es mía). Y estoy de acuerdo.

¿En qué consiste este cóctel? Pues uno pensaría que en un vermú Martini seco, ¿no? Pues... no. El nombre le viene porque lo inventó un camarero apellidado Martini que trabajaba en el neoyorquino hotel Knickerbocker en torno a 1910. Y Martini & Rossi era una marca desconocida en NY por aquel entonces (el cóctel canónico se elabora con Noilly Prat, de hecho).

Vale, ¿y en qué consiste, de nuevo? Pues el Noilly Prat (vermú blanco seco), una cáscara de limón y... mucha ginebra de la buena. ¿Cuánta? Pues Doxat nos dice once doceavas partes frenta a una de vermú. ¿Os parece poco? Esperad. Quiere la leyenda que el magnífico Luis Buñuel tomaba este cóctel todos los días al llegar el sol a su cénit, y que lo que hacía era mojar los hielos en vermú, desechar este y sumergir aquellos en ginebra hasta licuarlos. Así pues, el único vermú era el que impregnaba el borde del hielo.

Y si esto es, a vuestro entender, demasiado exagerado, pensad que se dice que Sir Winston Chruchill, gran amante de este bebercio asimismo, se limitaba a dejar que los rayos del sol pasasen a través de la botella de vermú hacia la copa de ginebra, y punto.

La cuestión es tan exagerada a favor de la ginebra (que debe ser siempre del estilo London Dry Gin y de la máxima calidad, marcas aparte) que existe el Naked Martini: un Dry Martini sin vermú. Telita.

Los hielos son fundamentales, pues la ginebra debe estar ligeramente diluida. Ojo: digo fundamentales para diluir, pero no deben estar presentes: durante la preparación de la copa han de desaparecer, enfriando la ginebra pero no flotando como icebergs en el cóctel final. La mano del maestro coctelero es fundamental en este aspecto.

Antes os hablaba de una cáscara de limón: esta debe ser frotada contra el borde interior superior de la copa, pero dejarla después flotando en el cóctel es cuestión de gustos. Para algunos resulta demasiado cítrico el resultado; para otros, quitarla hace el aspecto visual demasiado soso.

¿Y la famosa oliva? Pues... no viene a cuento en el cóctel canónico. Pero hay una variante, de la que hablaré mañana mismo, que sí la agradece. Tranquilos, son solo 24 horas.

Servido en la desaparecida Embassy, que llegó, a su vez, a ser toda una institución también.
En este caso la cascarita de limón flota en la copa.

jueves, 8 de marzo de 2018

Black Russian

Kahlúa es una marca comercial de Domecq que da nombre a un licor elaborado en México a partir de café (arábica), ron, vainilla y azúcar. Hay otros licores de café por el anchuroso mundo, pero según el Booth's Handbook of Cocktails & Mixed Drinks solo Kahlúa debería entrar a formar parte del cóctel que hoy os traigo, tan simple como mezclarlo a partes iguales con vodka y servir (en principio con hielo, según los cánones).

No obstante, he de deciros que la IBA (International Bartenders Association) dice que el cóctel es con licor de café (sin marcas) y que la proporción es de cinco partes de vodka por cada dos de licor (de modo que quede más seco). Yo os cuento, vosotros decidís.

El nombre que recibe este cóctel es Black Russian, esto es, "ruso negro". Ruso por uno de los dos países que se disputan el origen del vodka (el otro es Polonia, pero este cóctel debería elaborarse con vodka ruso para ser purista) y negro por el color que el café le otorga.

Un dato histórico: parece que este cóctel fue inventado en 1949 por Gustave Tops en el hotel bruselense Metropole.

Servido de forma canónica (en vaso old-fashioned y con abundantes cubitos de hielo) en el lobby bar del hotel Eurostars Madrid Tower.


Un interesante cóctel de sobremesa (debido a que el Kahlúa es dulzón, por lo que va mejor con los postres que con el aperitivo, que demanda una bebida más seca).


domingo, 6 de septiembre de 2015

Prairie Oyster

Además de los perritos de las praderas, resulta que también existen las ostras de las praderas. Eso sí, al contrario que los primeros, en este caso no se trata de animales, sino de cócteles.

El cóctel en cuestión tiene muchas modalidades diferentes, aunque hay una base invariable: un huevo crudo (cuya yema no debe romperse por cuestiones estéticas):

Aunque este cuadro, Egg IV, de Pedro Campos, es casi un lustro posterior a la fecha de publicación de esta entrada, no me he podido resistir a actualizarla e introducirlo, porque parece pintado aposta para ella.


A partir del huevo crudo con yema íntegra, base inamovible, hay cantidad de variaciones. De entrada, hay quien considera este cóctel como una mezcla sin alcohol, consistente en el huevo crudo sazonado con salsa Perrins, Tabasco, sal y pimienta. Esos son, por cierto, los ingredientes más o menos constantes (a los que luego la mayoría añadirá unos destilados u otros):

Los ingredientes básicos del prairie oyster, a los que luego se incorpora (o no) el destilado elegido.


Vamos a ver algunas versiones de este cóctel de la mano de una serie de obras variadas, para que podáis decir que voy de cultureta:

John Doxat, en su formidable Booth's Handbook of Cocktails & Mixed Drinks, cambia la sal y la pimienta por vinagre de vino, y como destilado opta por coñac (él especifica "Cognac", supongo que otro brandy de otra DO también valdría). Esta versión del cóctel es la que aparece en la película Cabaret (por cierto, parece que el cóctel, pese a su nombre inglés, se inventó en Alemania a finales del s. XIX).

En la también formidable película Asesinato en el Orient Express, dirigida por Sidney Lumet y basada en la novela de Agatha Christie, el odioso señor Ratchett siempre desayuna en la cama una variante del cóctel a la que se denomina amber moon: ni más ni menos que prairie oyster con vodka.

Y sigo trayendo variantes del cóctel de la mano de obras formidables: ahora le toca a la serie de animación Cowboy Bebop, en cuyo séptimo episodio (Heavy Metal Queen) vemos al protagonista quitándose la resaca con su propia versión del cóctel, en este caso con ginebra y usando solo la yema del huevo, sin la clara.

Así pues, tantas variantes como destilados tengáis a mano, me parece a mí, además de la versión abstemia. Un cóctel de lo más versátil. Un último apunte: no os dé asco pensar en el huevo crudo. La mezcla está más rica de lo que parece.

Besos y abrazos.

lunes, 1 de junio de 2015

Black and Tan

Black and Tan (en inglés "negro y bronce", entendiendo bronce como el color que ligamos cuando tomamos el sol y no como la aleación) es un cóctel originario de Inglaterra consistente en la mezcla a partes iguales de una cerveza negra (generalmente stout o porter) y otra pálida (generalmente una pale ale, pero puede ser una lager).

Hay varias formas de prepararlo, algo que no deja de llamar la atención en un cóctel tan sencillo, que solo tiene dos ingredientes (y ambos son cervezas). Resulta que la cerveza negra que se suele utilizar, Guinness, tiene una densidad relativa inferior a la de las cervezas rubias, por lo que si se sirve después y con cuidado se quedan las dos fases netamente separadas, mientras que si se sirve primero la negra y luego la rubia se van mezclando poco a poco. Hay quien incluso usa una cucharita para servir la cerveza negra y evitar la mezcla.

En Irlanda a este cóctel se le da el nombre de half and half ("mitad y mitad"), porque Black and Tans eran los integrantes de la fuerza de reserva de la Real Policía Irlandesa, grupo paramilitar antirrevolucionario activo entre 1920 y 1922 que tenía por objeto reprimir a los irlandeses bajo dominio de los ingleses, y que se hicieron tristemente famosos por sus continuos ataques a civiles.

Así sirven el Black and Tan en toda una institución: Au Roy de la Bière, el pub más antiguo de toda Francia, sito en Sedán, al norte del país, en las Ardenas. Como cerveza rubia utilizan Kwak.



sábado, 9 de agosto de 2014

Michelada

Hace bastante tiempo que no traemos un cóctel al blog, concretamente desde que hablamos del Black Velvet (a base de cerveza y vino espumoso). Pues bien, hoy vamos a echarle un vistazo a otro cóctel a base de cerveza, en este caso la muy mexicana michelada.

La michelada la conocí yo gracias precisamente a un jefe mexicano que tuve hace años y que, a día de hoy, todavía me debe miles de euros; sin embargo me descubrió este brebaje formidable y le estoy agradecido por ello (por el pufo que dura años no, claro). Él me decía que era el mejor remedio para la resaca y que, además, era muy alimenticia, siendo capaz de tomarse tres seguidas como sustitución de una comida.

¿En qué consiste este cóctel? Se trata de una cerveza preparada, algo bastante frecuente en México, donde a la birra le añaden de todo. Hay muchísimas recetas distintas, y todas tienen en común solo unos pocos ingredientes: cerveza mexicana, zumo de lima (a veces de limón), sal, chile y hielo. Llama la atención eso de echarle hielo a la cerveza, desde luego, pero más extraños son algunos ingredientes habituales de los que os paso a hablar.

No es raro que se le añadan jugo Maggi, salsa Perrins, chamoy (una salsa a base de fruta deshidratada y chile), salsa Valentina, Tabasco e, incluso, Clamato, que es un zumo de tomate con un poquito de salmuera de almejas envasadas (¡toma ya!). En el caso de llevar este último ingrediente la michelada es, en ocasiones, denominada chelato.

Aquí la tenéis antes de mezclar con la cerveza. En este caso no lleva Clamato. La rodaja de limón no es canónica, sino una variación. Podéis ver que la mayor parte es cerveza y hielo, pero los ingredientes adicionales tienen todos una personalidad muy fuerte y se notan en el resultado. El borde escarchado de sal y chile es habitual.
 

La michelada lista. Mi elección es Negra Modelo, me parece la cerveza que más le va, aunque se puede elaborar con otras. Esta es la michelada de la Taquería de Birrä, la más antigua de Madrid, en la plaza de Las Comendadoras.


Es posible que os preguntéis "¿y semejante mejunje está bueno?" A mi entender, delicioso; no obstante, conozco mucha gente a la que no le gusta ni un pelo. Hay quien dice que es un gusto adquirido, pero a mí me encantó desde la primera vez que la probé, y la afición ha ido a más con los años.

Respecto al origen del nombre, hay varias teorías, a cual más peregrina. Hay quien dice que la inventó un tal Michel Ésper y que de su nombre de pila deriva el del cóctel; hay quien dice que es la contracción de "mi chela helada" (chela es una forma habitual de llamar a la cerveza en México), otros que viene del inglés "mixed chilled (beer)", es decir, "cerveza helada mezclada"... En fin. Lo más probable, como decía un profesor mío, es que quién sabe.

Otro problema terminológico radica en qué es lo que la gente tiene en mente cuando habla de la michelada. En mi caso es lo que os he contado hasta ahora, pero me he encontrado muchas variaciones. Por un lado, los hay que dicen que una michelada es, sencillamente, cerveza mexicana con limón, sal y hielo; y que para referirse a lo que os he contado hay que especificar "michelada completa" o "michelada cubana". Luego están los que dicen que no, que una cerveza mexicana con limón, sal y hielo es una "chelada", y que la michelada tiene obligatoriamente que llevar Maggi, Lea & Perrins, Tabasco, etc. Luego tenemos aquellos para los que eso de chelato es un nombre moderno y toda michelada debería llevar Clamato. Vamos, un rosario de interpretaciones para este cóctel  mexicano a base de cerveza. A vuestra salud.

sábado, 14 de junio de 2014

Black Velvet

¡Ta·chán! Ha llegado el día en que hablamos simultáneamente, respecto de lo mismo, de cerveza y de vino.

¿Cómo es eso posible? Pues porque os voy a hablar del Black Velvet, un cóctel fabuloso que ha vivido días mejores (hoy cuesta que sepan siquiera lo que es, incluso en coctelerías especializadas) pero que sigue siendo riquísimo.

Black Velvet ("terciopelo negro" en inglés) es, según John Doxat en su Booth's Handbook of Cocktails & Mixed Drinks, libro genial del que os hablaré con más calma en otro momento, un cóctel formidable contra la resaca, como aperitivo u, ojo al parche, el mejor maridaje posible con ostras. Lo cual es decir mucho, y este Doxat sabía lo que se hacía.

Y hablando de hacer: ¿cómo se hace un Black Velvet? Es bastante simple, aunque tiene su truco. Remitiéndome nuevamente al libro antes mencionado, es mitad Guinness, mitad champán bien frío. El cóctel se hace con Guinness, no con otra stout, pero el espumoso, siempre que sea seco (es decir, brut, extra brut o brut nature) y de calidad, puede ser cualquiera. Yo lo suelo elaborar con Anna de Codorníu, un cava con una relación calidad/precio difícil de batir. Es importante que el espumoso sea uno que nos guste bebido solo, en caso contrario el Black Velvet no estará bueno.

"Vale, señor sumiller, ya nos has dicho con qué se hace, pero no cómo", os escucho comentar acertadamente. Vamos a ver, os digo mi truco particular, para dos personas (es el aperitivo favorito de mi tío y mío, en este caso): dos botellitas tamaño benjamín de cava y una lata de Guinness de una pinta. La ventaja de estas latas es que traen un dispositivo (creo que el término técnico es pirulo, aunque en inglés dicen widget) que permite generar crema casi como si la cerveza la estuviesen tirando en un pub de Dublín, algo que vendrá muy bien.


Primero servid el espumoso en un vaso de pinta. Si sirvieseis primero la cerveza os terminaría saliendo muchísima espuma pegajosa, y no queremos eso. En la imagen veis los vasos de pinta con el benjamín ya servido (uno en cada una) y la lata de la que os hablaba, la del pirulo en el interior para hacer crema.

Tras este paso, servid con cuidadito la cerveza sobre el espumoso, dejando que la crema suba -si lo hacéis bien- hasta el mismísimo borde. Tal que así:


Podéis comprobar que la capa es más abierta que en el caso de la cerveza sola, pero no mucho más; también que la crema es más abundante. El resultado es un aperitivo delicioso, muy fresco y revitalizante, con mayor acidez que la cerveza sola y más alimenticio que el espumoso solo. Acompaña de maravilla no solo ostras, como bien decía Doxat, sino mejillones, boquerones, sardinas, calamares a la romana e, incluso, almejas a la marinera. Es decir, frutti di mare a tutiplén.

Por cierto, el origen de este cóctel se encuentra en el Brooks's Club de Londres allá por el año 1861. Se dice que se creó para llorar la muerte del Príncipe Alberto, consorte de la Reina Victoria (acaecida el 14 de diciembre de ese año); el color y el nombre simbolizan la banda llevada en el brazo por los hombres de luto. Interesante origen; no sé qué tendrá de cierto, pero interesante es.

El Black Velvet es un cóctel al que hay que acostumbrarse; puede que no os apasione a la primera (a mis primos no les atrae en absoluto), pero a quien le guste habrá encontrado un amigo para toda la vida.